8-02-2014
IZQUIERDA Y DERECHA EN POLÍTICA
Los orígenes del antiguo antagonismo de Izquierda y
Derecha, nace en los momentos de la Revolución francesa.
En donde, en los Estados Generales y en la Asamblea
Nacional, los mas conservadores se sentaban hacia la
derecha y los mas revolucionarios hacia la Izquierda, esta
distinción es muy popular hasta nuestros días, lo que
influencio a la política contemporánea y posmodernidad en la
clasificación de idearios políticos.
A que se refiere cuando se habla de Derecha e Izquierda?-
La Izquierda es el pensamiento político, filosófico,
económico
y social que prioriza el progreso y el cambio como solución
política, mientras que la derecha prioriza la conservación
del
orden establecido como solución política, este fue el
concepto que se tiene de Izquierda y Derecha desde
siempre, aunque sea verdadero esto no es completo debido
a que hay mas variantes que influyen en los pensamientos
políticos, EN GENERAL, estos son:
- A nivel económico, se prefiere la intervención estatal
(izquierda) o la economía Laissez faire (Derecha)
- A nivel moral, el estado no debe intervenir (Izquierda) o
debe (derecha)
- A nivel social, se deben hacer políticas sociales (Izquierda)
o las personas se deben hacer cargo de si mismas
(Derecha)
- A nivel nacional, se prefiere el sindicalismo o naciones
políticas (Izquierda) o las naciones o naciones culturales
(Derecha)
- Se niega la propiedad privada (Izquierda) o se afirma
(Derecha)
- Se prefiere el cambio (Izquierda) o la conservación
(Derecha)
Estas son las principales diferencias que se plantean en el
clásico antagonismo, aunque no es completo tampoco,
debido a que es muy totalizaste y estas dos posiciones
tienen núcleo común pero son muy heterogéneas, por
ejemplo, dentro de la derecha existen grupos partidarios de
la libertad económica y por ende la libertad negativa por lo
que se niegan las autoridades morales o también en la
Izquierda
que en ciertos casos favorecen el nacionalismo cultural o
romántico. Por ello se podrían dividir en cuatro grupos:
Dentro de la Derecha:
-Derecha Liberal
-Derecha Conservadora
Dentro de la Izquierda:
-Izquierda revolucionaria
-Izquierda Liberal
Derecha Liberal: Es aquella rama de la Derecha basada, en
el pensamiento económico ilustrado y pensadores
decimononos que ponen énfasis en las libertades negativas
(Aquellas que afirman que la verdadera libertad es la
individual y solo lo individual) y en especial en la libertad de
inversión y de industria, la Derecha Liberal es considerada
la
precursora del capitalismo mundial. El sistema
socioeconomico por excelencia de la derecha liberal es la
democracia liberal en donde se pone en el centro al
individuo. De la derecha liberal también se desprende una
rama del anarquismo, denominada Anarco-capitalismo o
también ciertas ramas del anarquismo individualista. Los
liberales consideran la verdadera igualdad solo a nivel
individual. También son librecambistas.
Derecha Conservadora: Es la clásica rama de la derecha,
que pretende la manutención del orden establecido, pero
no
a nivel liberal (aunque hay muchos conservadores que
tomen políticas liberales). La Derecha conservadora prefiere
las tradiciones, los valores, la moralidad y la nación y ponen
énfasis en la comunidad mas que en el individuo, El
conservadurismo a diferencia del liberalismo, hace practica
de un estado dirigista similar al izquierdista o en
intervención, favorecen la propiedad privada ademas,
promueven valores, tradiciones y valores comunitarios.
Ponen énfasis en el papel del individuo en la sociedad mas
que el mismo individuo. Son proteccionistas. El sistema
socio-económico por excelencia de la derecha conservadora
seria la monarquía parlamentaria o en casos mas extremos
la monarquía absoluta.
Izquierda Revolucionaria: Es la rama de la izquierda mas
clásica y extrema, desea un cambio brusco y radical que
cambie los ordenes existentes. Lo general que busca la
izquierda revolucionaria es un nuevo orden IGUALITARIO,
ya que el valor principal de la izquierda es la igualdad en
términos de derechos positivos y la izquierda revolucionaria
considera que las revoluciones son la manera de llegar a
esta clase de sociedad.
Izquierda liberal: es la rama de la izquierda, identificada con
la "nueva izquierda". La izquierda liberal considera que las
revoluciones no son el método de llegar a la sociedad
igualitaria de derechos positivos, sino es que es por medio
de reformas grandes (a diferencia de la derecha
conservadora) que fomenten el progreso social.
AVISO: las ideologías políticas son muy difícil de clasificar
ya
que son muy heterogéneas, estas son solos las bases de
cada pensamiento ideológico, lo heterogeneidad lo mayor
posible pero no es la verdadera real clasificación .
A NIVEL FILOSÓFICO:
La izquierda y la derecha también se puede interpretar en
la
filosofía política y social, se plantean diferentes argumentos
a cada una de las partes y diferentes corrientes de
pensamiento filosófico a cada una de ellas. Se puede hacer
hacer coincidir la izquierda con el racionalismo cosmopolita y
la derecha con el romanticismo nacionalista. La izquierda
considera que la razón debe guiar al ser humano hacia una
sociedad racional, igualitaria y libre planteada por los
ilustrados, consideran al ser humano como un ser capaz de
ser mandado por la razón, que posee capacidades iguales y
que tenemos partes comunes todos nosotros. La derecha se
podría acercar mas al romanticismo, consideraría al ser
humano como un ser de diferencias naturales, no totalmente
racional, que debe ser gobernado por las tradiciones, que
cada grupo humano o seres humanos son diferentes y
tienen diferentes capacidades. También se podría acercar la
izquierda con el progresismo y la derecha con el
organicismo. Los izquierdistas considerarían a la sociedad
como una entidad artificial que puede ser maleable y
direccionada al camino que se desee, mientras que la
derecha consideraría a la sociedad como un órgano natural,
que es incapaz de ser maniobrada o direccionada
correctamente y que debe seguir un "curso natural". Esto
TAMPOCO es totalmente así, ya que hay derechistas
ilustrados (ejemplo, Voltaire, Adam Smith) o izquierdistas
románticos (Rousseau, etc), por lo que tampoco es una
clasificación correcta. La política y el estudio social es propio
de cada uno pero tu opinión puede acercarse a cada una de
estas ideologías.
IZQUIERDA Y DERECHA EN POLÍTICA
Los orígenes del antiguo antagonismo de Izquierda y
Derecha, nace en los momentos de la Revolución francesa.
En donde, en los Estados Generales y en la Asamblea
Nacional, los mas conservadores se sentaban hacia la
derecha y los mas revolucionarios hacia la Izquierda, esta
distinción es muy popular hasta nuestros días, lo que
influencio a la política contemporánea y posmodernidad en la
clasificación de idearios políticos.
A que se refiere cuando se habla de Derecha e Izquierda?-
La Izquierda es el pensamiento político, filosófico,
económico
y social que prioriza el progreso y el cambio como solución
política, mientras que la derecha prioriza la conservación
del
orden establecido como solución política, este fue el
concepto que se tiene de Izquierda y Derecha desde
siempre, aunque sea verdadero esto no es completo debido
a que hay mas variantes que influyen en los pensamientos
políticos, EN GENERAL, estos son:
- A nivel económico, se prefiere la intervención estatal
(izquierda) o la economía Laissez faire (Derecha)
- A nivel moral, el estado no debe intervenir (Izquierda) o
debe (derecha)
- A nivel social, se deben hacer políticas sociales (Izquierda)
o las personas se deben hacer cargo de si mismas
(Derecha)
- A nivel nacional, se prefiere el sindicalismo o naciones
políticas (Izquierda) o las naciones o naciones culturales
(Derecha)
- Se niega la propiedad privada (Izquierda) o se afirma
(Derecha)
- Se prefiere el cambio (Izquierda) o la conservación
(Derecha)
Estas son las principales diferencias que se plantean en el
clásico antagonismo, aunque no es completo tampoco,
debido a que es muy totalizaste y estas dos posiciones
tienen núcleo común pero son muy heterogéneas, por
ejemplo, dentro de la derecha existen grupos partidarios de
la libertad económica y por ende la libertad negativa por lo
que se niegan las autoridades morales o también en la
Izquierda
que en ciertos casos favorecen el nacionalismo cultural o
romántico. Por ello se podrían dividir en cuatro grupos:
Dentro de la Derecha:
-Derecha Liberal
-Derecha Conservadora
Dentro de la Izquierda:
-Izquierda revolucionaria
-Izquierda Liberal
Derecha Liberal: Es aquella rama de la Derecha basada, en
el pensamiento económico ilustrado y pensadores
decimononos que ponen énfasis en las libertades negativas
(Aquellas que afirman que la verdadera libertad es la
individual y solo lo individual) y en especial en la libertad de
inversión y de industria, la Derecha Liberal es considerada
la
precursora del capitalismo mundial. El sistema
socioeconomico por excelencia de la derecha liberal es la
democracia liberal en donde se pone en el centro al
individuo. De la derecha liberal también se desprende una
rama del anarquismo, denominada Anarco-capitalismo o
también ciertas ramas del anarquismo individualista. Los
liberales consideran la verdadera igualdad solo a nivel
individual. También son librecambistas.
Derecha Conservadora: Es la clásica rama de la derecha,
que pretende la manutención del orden establecido, pero
no
a nivel liberal (aunque hay muchos conservadores que
tomen políticas liberales). La Derecha conservadora prefiere
las tradiciones, los valores, la moralidad y la nación y ponen
énfasis en la comunidad mas que en el individuo, El
conservadurismo a diferencia del liberalismo, hace practica
de un estado dirigista similar al izquierdista o en
intervención, favorecen la propiedad privada ademas,
promueven valores, tradiciones y valores comunitarios.
Ponen énfasis en el papel del individuo en la sociedad mas
que el mismo individuo. Son proteccionistas. El sistema
socio-económico por excelencia de la derecha conservadora
seria la monarquía parlamentaria o en casos mas extremos
la monarquía absoluta.
Izquierda Revolucionaria: Es la rama de la izquierda mas
clásica y extrema, desea un cambio brusco y radical que
cambie los ordenes existentes. Lo general que busca la
izquierda revolucionaria es un nuevo orden IGUALITARIO,
ya que el valor principal de la izquierda es la igualdad en
términos de derechos positivos y la izquierda revolucionaria
considera que las revoluciones son la manera de llegar a
esta clase de sociedad.
Izquierda liberal: es la rama de la izquierda, identificada con
la "nueva izquierda". La izquierda liberal considera que las
revoluciones no son el método de llegar a la sociedad
igualitaria de derechos positivos, sino es que es por medio
de reformas grandes (a diferencia de la derecha
conservadora) que fomenten el progreso social.
AVISO: las ideologías políticas son muy difícil de clasificar
ya
que son muy heterogéneas, estas son solos las bases de
cada pensamiento ideológico, lo heterogeneidad lo mayor
posible pero no es la verdadera real clasificación .
A NIVEL FILOSÓFICO:
La izquierda y la derecha también se puede interpretar en
la
filosofía política y social, se plantean diferentes argumentos
a cada una de las partes y diferentes corrientes de
pensamiento filosófico a cada una de ellas. Se puede hacer
hacer coincidir la izquierda con el racionalismo cosmopolita y
la derecha con el romanticismo nacionalista. La izquierda
considera que la razón debe guiar al ser humano hacia una
sociedad racional, igualitaria y libre planteada por los
ilustrados, consideran al ser humano como un ser capaz de
ser mandado por la razón, que posee capacidades iguales y
que tenemos partes comunes todos nosotros. La derecha se
podría acercar mas al romanticismo, consideraría al ser
humano como un ser de diferencias naturales, no totalmente
racional, que debe ser gobernado por las tradiciones, que
cada grupo humano o seres humanos son diferentes y
tienen diferentes capacidades. También se podría acercar la
izquierda con el progresismo y la derecha con el
organicismo. Los izquierdistas considerarían a la sociedad
como una entidad artificial que puede ser maleable y
direccionada al camino que se desee, mientras que la
derecha consideraría a la sociedad como un órgano natural,
que es incapaz de ser maniobrada o direccionada
correctamente y que debe seguir un "curso natural". Esto
TAMPOCO es totalmente así, ya que hay derechistas
ilustrados (ejemplo, Voltaire, Adam Smith) o izquierdistas
románticos (Rousseau, etc), por lo que tampoco es una
clasificación correcta. La política y el estudio social es propio
de cada uno pero tu opinión puede acercarse a cada una de
estas ideologías.
Izquierda y derecha en política
Los conceptos de izquierda y
derecha -nacidos con la Revolución Francesa- como analizadores de la
posición política, luego de dos siglos han caído en una franca confusión
de sus referentes. Tanto la izquierda tradicional, que pretende moderar
su discurso para ser aceptable por los sectores medios y altos del
electorado, como la derecha histórica que ha lavado sus textos en una
suerte de populismo para lograr adeptos entre el proletariado. La
contemporaneidad puede observar de qué manera se están traslapando los
discursos y se hace muy difícil poder discernir quien está a la diestra
de quien, a la par que la clásica siniestra se ha mimetizado con los
discursos de la derecha.
1. LA CONFUSION DE LAS IDEAS EN LA MISERIA DE LAS IDEAS
En una rápida y breve historia de la participación
política, es posible señalar qué, en el Antiguo Régimen, el número de
personas que procuraban ocupar el poder político o, al menos orientarlo,
estaba limitado a los círculos palaciegos. Desde de la Revolución
Francesa no cesa de aumentar el número de personas que pretenden
designar a los gobernantes y determinar lo que sea el bien común. El
proceso de crecimiento culmina en el primer cuarto del siglo XX con el
permanente acceso de las masas a la política. Se trató de una
participación alterada por las manipulaciones de la opinión y por las
técnicas representativas, muchas veces engañadoras; pero, estafadas o
no, las sociedades se politizaron, es decir, se fragmentaron en
posiciones colectivas ante la cosa pública. Incluso, los más alejados
del ágora, en su intimidad, toman partido. En la actualidad se observa
una paradoja, mientras la inmensa masa de la población considera a la
participación política como una perversión, ocurre un hecho
paradojalmente curioso. Ante posibles elecciones abiertas o, con el
"sistema de lemas", presentan su candidatura hasta uno de cada 30
ciudadanos en condiciones de inscribirse (1).
Recordando una cita de C. Marx (1847), que dice: "...
que mientras en la vida vulgar y corriente todo tendero sabe
perfectamente distinguir entre lo que alguien dice ser y lo que
realmente es, nuestra historiografía no ha logrado todavía penetrar en
un conocimiento tan trivial como éste. Cree a cada época por su palabra,
por lo que ella dice acerca de sí misma y lo que se figura ser". En
la actualidad, no sólo la historiografía cae en ese dislate de
ingenuidad intelectual, sino que también lo hacen los pueblos y los
politólogos (2).
Para estimular adhesiones, los partidos afirman
valores propios, a la vez que se los niegan a sus adversarios. Los
respectivos portavoces y clientelas multiplican las consignas de los
líderes, tanto estas sean críticas o apologéticas. En el último tercio
del siglo XX fue difícil encontrar un ciudadano occidental que no
contemple su política nacional como un enfrentamiento de valores y
contravalores, o sea, en términos morales de buenos y malos, una
relación de antagonismo y agonismo. Ese talante tan generalizado, y no
carente de fundamento, afecta también a los politólogos, que tienden a
explicar la dicotomía derecha e izquierda con tácitos o expresos juicios
de valor, por ejemplo, el comunismo es terror, el capitalismo es
explotación. Asimismo, tanto para los definidos como de "derechas", como
para los del anodino "centro", las izquierdas son materialistas y ellos
son idealistas. Lo mismo ocurre a la inversa. Y ambos tienen razón, la
izquierda es materialista por definición, aunque no por ello sus
planteos no estén rebalsados de utopías. De la misma manera, la derecha
puede ser definida como idealista a partir de su asociación con poderes
sobrenaturales, aunque a nadie en su sano juicio le costaría reconocer
que el pragmatismo con que se rodea no es una forma de expresión
materialista en el orden de la generación de bienes financieros y
económicos. Es decir, derechas e izquierdas no tienen la exclusión de
los atributos "idealista" y "materialista", en tanto y cuanto cualquiera
de las dos expresiones políticas hacen uso -y abuso- de tales
características y, además, todo depende de cómo sean definidas
previamente, ya que cada uno de esos atributos pueden ser leídos de
diferente manera por distintos filósofos políticos.
A fin de poder enfocar el tema desde una perspectiva no ya neutral (3),
sino solo con pretensión empírica, hay que proceder a una "metanoia"
intelectual, a una renuncia a los sentimientos habituales y a los
prejuicios arraigados a fin de interpretar los datos y elaborar una
tipología política estrictamente racional. Hay, en suma, que situarse en
un nivel cero de emotividad y partidismo. Si no se logra el giro mental
de considerarse metódicamente sin compromiso, será imposible abordar la
delimitación de la derecha y de la izquierda políticas sin caer en
alguna forma de loa o de diatriba. ¿Cómo caracterizaría hoy a la derecha
y a la izquierda un puro logos desencarnado, científico?. Esa es la
ardua meta intelectual.
El siglo XXI encuentra al mundo en un vacío de
ideas, y no como consecuencia de las predicciones de Fukuyama (1990). Es
que pareciera que las ideas se han convertido en miserables. Hechos y no palabras,
pareciera ser la consigna del momento. No se sabe muy bien si lo que
impera es la ideología de la miseria (Proudhon, 1846), o la miseria de
las ideologías (Marx, 1847).
2. ORIGEN OCASIONAL
La derecha y la izquierda, generalmente referidas a
la orientación de la mano, son términos anatómicos de gran precisión,
puesto que el punto de referencia, que es el cuerpo, permanece en una
posición determinada. Cuando afirmamos de alguien que es diestro o zurdo
no hay duda alguna acerca del significado. Cuando la acepción es
trasladada a otros ámbitos significativos, la derecha y la izquierda
pierden su valor absoluto, se convierten en nociones relativas al
observador. Así se produce la clásica tergiversación del viandante que
pregunta por una dirección, y su interlocutor frontal califica como
derecha lo que para el demandante es todo lo contrario, porque es un
lugar situado a su izquierda. La geografía desecha una terminología tan
confusa y la sustituye por la más precisa de los puntos cardinales.
La distinción entre izquierdas y derechas se aplicó,
por primera vez a la política, en la Francia revolucionaria. La
Asamblea Constituyente, inició sus trabajos en 1792. Los diputados se
hallaban divididos en dos grupos enfrentados: el de la Gironda, que se
situó a la derecha del Presidente, y el de la Montaña, que se situó a la
izquierda. En el centro tomó asiento una masa indiferenciada a la que
se designó como el Llano -o la Marisma-. Los girondinos deseaban
restaurar la legalidad y el orden monárquico, mientras que La Montaña
propugnaba un estado revolucionario, el cual, después de anular a los
girondinos, desembocaría en lo que se conoció -lamentablemente, aunque
con justicia- como el Terror. Así se produjo una identificación
de la izquierda con la radicalización revolucionaria que, al grito de
"Libertad, Igualdad y Fraternidad", desencadenaría una etapa de utopías y
ferocidad que sólo lograría detener el golpe de Estado de Bonaparte.
Los implacables Robespierre, Danton y Marat fueron los caudillos y los
definidores del primer partido político francés que se situó a la
izquierda.
3. SIGNIFICACION EQUIVOCA
Dos siglos transcurrieron desde la Convención hasta
hoy y, sin embargo, ni la derecha ni la izquierda política logran
dotarse de contenidos pragmáticos continuos y relativamente estables.
Por ejemplo, los liberales eran la izquierda en tiempos de Organización
Nacional, y son la derecha en tiempos del menemismo. En Europa, la
derecha era nacionalista hasta la II Guerra Mundial; pero poco después
creó la Unión Europea, máximo exponente contemporáneo de la superación
del Estado nacional. Objetivo éste último auspiciado desde el siglo XIX
por el internacionalismo socialista, aunque llegado el momento no
participó de los fastos de creación de tal organización transnacional.
La historia política muestra que los programas de la
derecha y de la izquierda evolucionan de manera rotunda y, a veces,
errática. Quizás el caso más elocuente sea la actual adhesión a la
economía de mercado por parte de los contemporáneos comunismos
reciclados, antes prototipos del intervencionismo estatal absoluto hasta
llegar a convertirse en un capitalismo de Estado en la ex Unión
Soviética.
Una evolución más lenta, pero paralela, fue la de
las socialdemocracias desde la escisión de la Internacional Socialista.
Sin salir de los límites de un país como Gran Bretaña, la izquierda
laborista del estatista Premier Attlee, apenas sería reconocible en el
actual gobierno del privatista Blair: el socialismo de éste hubiera sido
considerado derechista hace sólo medio siglo. El peronismo, en
Argentina, fue estatista -aunque derechista- de la mano de Perón, aunque
en la actualidad alcanzó la cumbre -con la conducción del menemismo- de
las privatizaciones. Es evidente, entonces, si abundáramos en más
ejemplos obvios, que los cambios copernicanos de programas políticos no
conocen fronteras. La derecha y la izquierda políticas carecen de
contenido estable a escala universal y también nacional; son tan
relativas como en geometría. Otro ejemplo. Durante la Cumbre de la
Internacional Socialista (¿ ?) realizada en Buenos Aires -junio de 1999-
se tuvo oportunidad de asistir, atónitamente, a la definición, por
parte de variados líderes socialdemócratas, de la "tercera vía"
propuesta tanto por el laborismo británico y los socialismos francés y
alemán, como que "... apoyamos una economía de mercado, no una sociedad de mercado",
es decir, una disociación -economía y sociedad, a la cual M. Weber
(1944) no las veía como separadas- difícil de comprender más allá de la
retórica fácil de los discursos huecos. Y más difícil aún, proviniendo
de dirigentes de la socialdemocracia internacional, que si bien nunca se
han mostrado como revolucionarios plenos, al menos han sido tibiamente
progresistas.
Los dinamismos, a veces pendulares, de los programas
partidistas impiden una caracterización general de la derecha y la
izquierda; su descripción ha de ser coyuntural para un lugar y un
tiempo. Tal historicismo inutiliza a los términos como permanentes
categorías politológicas.
En suma, la distinción entre derechas e izquierdas
políticas es más histórica que lógica y, consecuentemente, tiene un
valor nominal, un contenido cambiante, una significación ocasional, y no
es una terminología hermenéutica invariable para exponer la historia de
la teoría y de la praxis políticas, ni siquiera en la edad
contemporánea.
4. EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD
En numerosas lenguas el vocablo que designa a la
izquierda anatómica ha padecido connotaciones negativas. Hay culturas
donde la mano izquierda está reservada para menesteres indignos. La
condición de zurdo ha sido considerada como una anomalía y una
presunción axiológicamente desfavorable. El término latino siniestro
adquiere en la prosa contemporánea una significación moralmente
negativa, que es la preferentemente heredada por algunas lenguas
romances y entre ellas, por el español, donde prevalece la acepción de
perverso, oculto, para lo siniestro (Falcón, 1997); quizás sea esa la
razón de que se fuera imponiendo el eufemismo "izquierda".
A pesar de tan adversa tradición semántica, los
posthegelianos reivindicaron su condición de izquierdistas. Y en
Francia, los herederos de la Revolución procedieron a una progresiva
dignificación del izquierdismo: "la gauche divine", tarea a la que se
incorporaron diferentes socialismos, incluido el marxista. En la guerra
de las palabras y de las ideologías, los autodenominados "progresistas"
descalifican a los tachados de derechistas como reaccionarios,
defensores de privilegios inicuos, y adversarios de la justicia social.
Llegados a este extremo, cercano a lo satánico, algunos acusados
empezaron a rechazar la condición de derechistas para adoptar otras
denominaciones -aún no totalmente desprestigiadas- por la ofensiva
retórica de sus adversarios: conservadores, populistas, democristianos,
centristas, etc.
Así se ha llegado a la situación actual, que es la
desaparición de la denominación "derecha" en la nomenclatura de los
partidos políticos. Pero la cuestión no es sólo nominal: el complejo de
inferioridad moral que los socialismos consiguieron inocular a sus
oponentes llevó a estos a posiciones izquierdistas en lo que
consideraron marginal al modelo de libre mercado, como en el plano de la
cultura exquisita.
De tal forma se ha arribado a la paradójica
situación actual: hay centro, izquierda y extrema izquierda; pero nadie
se dice de derecha. Esto es una especie de hemiplejía política. Y,
además, aparece la paranoica huida de los liberales hacia un supuesto
centro para escapar de la proscripción verbal dictada desde la
izquierda. Una primera aproximación a la definición de la derecha sería
la posición política en la que nadie quiere ser situado. Claro que si
esta fase dialéctica concluyera con la total desaparición de la derecha
nominal, empezaría otra similar contra el centrismo como derecha
vergonzante o encubierta. Es la humillación de cambios de nombre,
hipocresías, enmascaramientos, concesiones y entregas a que se condenan
quienes padecen esto que se puede definir como complejo de inferioridad
política de identificación.
Es posible ilustrar esto en la Argentina actual
-1999- dónde con un gobierno -menemismo- extremadamente liberal en lo
económico y con un absoluto corrimiento del Estado de su obligaciones
legales (Rodriguez Kauth, Del Estado...), no exista organización
política alguna que se defina como de derecha. Ni aun la del propio ex
Ministro D. Cavallo, quien fue el numen de las privatizaciones durante
su gestión como funcionario del menemismo.
5. UNA LECTURA COMPARATIVA
A pesar del escepticismo de muchos politólogos tanto
los periodistas como los políticos siguen utilizando la vieja
distinción de izquierdas y derechas. Resulta difícil pensar que todos
manejen un comodín equívoco, en todo caso, lo que utilizan es una
reducción simplista; ya que se trata de términos relativos, y por lo
tanto, históricos. Tanto las derechas como las izquierdas no han
mantenido un contenido unívoco y estable. Ha sido superada la distinción
entre las derechas e izquierdas de 1850, de 1900 o de 1950; pero, con
significado distinto, subsisten en el año 2000. Periódicamente aparecen
ensayos para delimitar los campos e -incluso- para salvar los contenidos
de algún tiempo pasado. Asimismo, Del Río (1999) considera que en las
dos últimas décadas la distinción entre derechas e izquierdas políticas
se ha visto complicada en lo que se refiere a políticas gubernamentales.
La izquierda como campo político, social e ideológico está más viva en
Francia que en España o Alemania.
A continuación, intentaré desarrollar una suerte de
diferenciación de ambos espectros y cómo los mismos terminan por
confundirse.
a) Desde una caracterización racional, la izquierda
sería un paradigma racionalista; mientras que la derecha se ubicaría del
margen pragmático. Esto se apoya en que, desde Marx, la producción
teórica de la izquierda ha sido mucho más voluminosa y compartida por
mayor número de intelectuales que la de la derecha, a la cual se la
puede considerar pobre de contenidos ideacionales. Pero, una mayor masa
de bibliografía y de académicos no implica necesariamente mayor densidad
racional.
Las derechas, en sus diversas versiones, siempre han
contado con doctrinarios básicamente racionalizadores. Un ejemplo de
esto último ha sido A. Smith (1784).
Se suele argumentar en contra de la superioridad
racional de la izquierda que, durante la época de dominación comunista
en Moscú, la producción intelectual surgida de los espacios geográficos
dominados por aquellos, fue simplemente una retahíla de obsecuencias.
Sin embargo, esto carece de valor cuando se piensa en autores marxistas
críticos que llevaron adelante una prolífica obra de esclarecimiento
político y social no dogmático. Caso semejante ocurre con los
panegiristas de la derecha durante sus "reinados" (p. ej.: K. Schmitt en
Alemania y B. Croce en Italia).
b) También se ha sostenido lo contrario, o sea, que
la izquierda se ha desarrollado sobre la emotividad, y la derecha sobre
la racionalidad. Esta interpretación se apoya en el hecho de que las
políticas igualitarias del socialismo arraigan en la envidia y hasta en
el resentimiento, mientras que -sostiene la derecha- la meritocracia se
fundamenta en algo tan razonable como la jerarquización de valores. Pero
esta exégesis explica únicamente una etapa, no todas. El liberalismo,
que fue la izquierda a mediados del siglo XIX, era una construcción
teórica, que no se fundaba en demagogias emotivas; en cambio, aquélla
derecha confesional de la época se sostenía en sentimientos religiosos.
c) Una variante de esta distinción formal, que ya
deja de ser tal pues se presenta cargada de contenidos, es la que
identifica a la derecha con fideísmo y confesionalismo, y a la izquierda
con secularismo y laicismo. Según esta clave, Aristóteles, que no creía
en ninguna religión, sería un doctrinario izquierdista. Pero es que,
además, siempre ha existido una derecha agnóstica: en Francia la que
arranca del positivismo comtiano y pasa por Maurras; en España la de
tantos moderados como Mon, Giner, Costa u Ortega; en Argentina L.
Lugones sería el paradigma de tal fenómeno. En cambio, existe una
izquierda mitológica como la jacobina que implanta el culto a la diosa
razón, entronizada solemnemente en la catedral de París, o como el
marxismo que se convierte en nueva fe con su libro revelado, su profeta,
sus fanáticos, sus autores prohibidos, sus iconos, sus misioneros, sus
anatemas, sus autos de fe e incluso su cuerpo incorrupto. Las guerras de
religión, que subsisten ya no en la India o Líbano, sino en los
inmediatos Balcanes ¿serían sólo entre derechistas?. Es absurdo
afirmarlo. La apelación política a lo divino se remonta a los orígenes
de la Humanidad y, la experiencia, demuestra que hay derechistas e
izquierdistas incrédulos y creyentes. Que una parte de la izquierda
política contemporánea fuera laica no permite la generalización, ya que,
por ejemplo, Latinoamérica observa absorta los coqueteos de la
izquierda con la llamada teología de la liberación, como una estrategia oportunista de recuperar espacios perdidos entre las masas (Ferrater Mora, 1971, Rodriguez Kauth, 1993).
d) Otra variante de la distinción formal es
identificar a la izquierda con la utopía y a la derecha con el realismo.
Si por utopía se entiende lo absolutamente imposible, la connotación
será negativa y descalificadora, puesto que la política es el arte de lo
realizable. Pero si por utópico se entiende una orientación ideal al
que efectivamente cabe aproximarse, los hechos no confirman que las
derechas políticas hayan carecido de ideales, más bien al contrario,
aunque los mismos no sean -para mí- valiosos. Por ejemplo, las derechas
confesionales, se han propuesto metas morales cuyo término, por
definición, es un bien sumo al que cabe acercarse sin rebasarlo jamás.
En todo objetivo ético hay un extremo que funciona como un límite, es
decir, como un punto que está siempre más allá de todos los de la serie
infinita a la que pertenece. Si bien es cierto, los idealismos no son
monopolio de la izquierda ni de la derecha política, sin embargo, se
puede afirmar que la izquierda levanta ideales altruistas y de
solidaridad que no se encuentran en los idearios de la derecha, por la
sencilla razón de que ésta es egoísta y eminentemente pragmática.
6. UNA LECTURA DESDE LA MORAL
La práctica usual de caracterización de la derecha y
la izquierda consiste en adscribirles -como es obvio- valores
diferentes. Resulta casi imposible alejarse de esta recurrencia
judicativa a ser considerado mejor que el otro, ya que es consubstancial
al quehacer político. Pero tal metodología axiológica no es neutral,
debido a que los valores se ordenan jerárquicamente, e inclinarse a
favor de unos suele implicar la afirmación de una superioridad o
inferioridad con respecto a los de la orientación contraria. Además,
cada valor enfrenta a su opuesto y, adjudicar uno positivo sugiere
carencias en quien no lo posee. En fin, los valores afectados en este
caso son fundamentalmente morales y les es consubstancial la gradación
que va desde lo óptimo hasta lo pésimo pasando por lo mejor, lo bueno,
lo mediocre, lo malo y lo peor. Suele ocurrir que caracterizar a las
corrientes políticas según sus contenidos axiológicos es abandonar la
neutralidad para incidir en la diatriba o la loa, ya tácitas, ya
expresas.
a) Es un lugar común que el valor predominante de la
izquierda sería la igualdad, mientras que en la derecha primaría la
jerarquía. Esto es una traslapación de posturas que contraponen otro par
de valores, el de la libertad y el del orden.
La igualdad de los individuos humanos no es un
ideal, ni siquiera una utopía, es una falsedad puesto que no hay dos
hombres idénticos ni biológica, ni intelectual, ni moral, ni
técnicamente. Sólo es factible la igualdad de oportunidades; pero este
objetivo, que tiende a superar discriminaciones injustificadas y
ocasionales, es un lugar común de los programas partidarios. La
pretensión izquierdista de encarnar la demanda de igualdad de
oportunidades es tan carente de fundamento objetivo como la de
monopolizar el calificativo de "progresista", según la antigua retórica
soviética. En una arenga o en un artículo partidista tales
manipulaciones del lenguaje suelen ser consideradas como corruptelas
tolerables; pero a nivel teórico no. La igualdad de oportunidades no la
niega nadie. Otra cosa es la dificultad de imponerla a causa de la
intrínseca historicidad del individuo humano y la imposibilidad de
anular la temporalidad y espacialidad en que se encuentra todo lo
materialmente concreto.
Por otro lado, la igualdad de oportunidades no se
produce espontáneamente, ha de ser impuesta, y tal decisión requiere un
poder, o sea, jerarquía. No sólo no hay contraposición efectiva entre
libertad y jerarquía, sino que ésta es condición de aquélla. Y en el
fondo aparece la inevitable autoapología. Unos valores son estimados
como superiores a otros, y situarse en tal campo suele equivaler a
elogio y crítica. El sometimiento a una jerarquía no es inicialmente
grato, mientras que la afirmación de la igualdad entraña cierto
narcisismo.
Y los datos históricos no corroboran esta
interpretación. La primera izquierda propiamente dicha, la de la
revolución francesa, no cesó de atribuirse la búsqueda de la igualdad;
pero dio lugar a la dictadura de un grupo de los privilegiados
jacobinos. Y el presunto salvador de la revolución que se devoraba a si
misma, Napoleón, creó la suntuosa aristocracia familiar y militar del
Imperio en la Francia metropolitana y en las naciones vencidas: reyes,
príncipes, grandes duques, y títulos innumerables. Un abismo de
desigualdad separaba al pueblo de las nuevas aristocracias
revolucionarias. Similar fue el curso de la revolución soviética: al
grito de igualdad se constituyeron, en Rusia y en los países satélites,
la "nueva clase" y la "nomenklatura", tan alejadas de las bases como la
nobleza zarista. Y al liquidarse la Unión Soviética, esa clase
privilegiada ha sobrevivido, aún más enriquecida, gracias al corrupto
proceso de privatización de empresas públicas. La potencia que Lenin
condenó por explotadora de los trabajadores, los Estados Unidos, ¿no ha
engendrado más desigualdad real que la que existía?. Una cosa es lo que
se predica y otra lo que efectivamente se hace. Clasificar a los
movimientos políticos por sus declaraciones programáticas o sus
consignas propagandísticas es un ingenuo criterio nominal, no
sociológico ni político.
b) Transportar la oposición derecha-izquierda a los
valores de libertad-igualdad tampoco resulta esclarecedor porque ni los
datos históricos, ni el análisis teórico confirman tal contraste. La
derecha contrarrevolucionaria del siglo XIX era más bien absolutista,
mientras que la izquierda era libertaria y enarbolaba, sobre todo, el
primer término de la famosa trilogía de 1789.
Tampoco el análisis conceptual confirma el supuesto
contraste, porque libertad e igualdad no se oponen: existen liberales
igualitarios y no igualitarios, del mismo modo que hay demócratas
igualitarios y autoritarios (ejemplo de estos últimos fue el socialismo
real). La igualdad es un valor relativo que supone una previa
estratificación, mientras que la libertad es un valor absoluto referible
a cualquier nivel social; no se oponen, ni excluyen, sino que son
compatibles y complementarios.
c) Cruzando el plano ético con el histórico, se ha
dicho que la derecha y la izquierda representarían dos actitudes ante la
justicia. Aquélla pretendería conservar lo justo ya obtenido, mientras
que ésta siempre trataría de avanzar hacia cotas más altas de justicia.
Esta interpretación no está respaldada por la experiencia. La izquierda
de la revolución francesa empezó aniquilando el orden establecido, lo
que desembocó no solamente en anarquía sino -lo que es peor- en
injusticias. No fue diferente la revolución soviética. Posiblemente, la
meta era más justicia; pero la realidad fue la contraria.
d) Exagerando el panegírico, se ha afirmado que la
derecha es el egoísmo interesado y la izquierda el altruismo
filantrópico. Pero tal interpretación no es una caracterización, sino
una dogmática descalificación de la derecha, ya que el altruismo es
socialmente el bien, mientras que el egoísmo es el mal. Un examen sereno
de la historia contemporánea de Europa y Latinoamérica no justifica tal
demonización partidista. El más elemental balance de nuestro pasado
¿dónde situaría a un supuesto o real Imperio del mal?. ¿En el más o
menos derechista Occidente o en el Este, suprema encarnación del
izquierdismo?. Creo que sin apasionamientos se lo puede ubicar en ambos
lados geográficos, es decir, el mal no es patrimonio de unos, como
tampoco lo es el bien.
e) Son falsos los dilemas entre orden y justicia,
entre jerarquía y libertad, entre libertad e igualdad, entre conformismo
e inconformismo, entre egoísmo y altruismo, como lo son todos los
análogos entre tradición y ciencia, entre conservación y progreso, entre
individualismo y solidarismo, entre nacionalismo y cosmopolitismo. Esas
dicotomías de grandes polisemias no son mutuamente excluyentes, ni
coinciden con las derechas y las izquierdas históricas. Más, se apoyan
en peticiones de principios morales donde un término es el bueno y el
otro el malo. Dos siglos de tal dialéctica han creado conflictos
sociales; pero escasa luz lógica. Quizás los demagogos y sus escribas
continúen con tales manipulaciones; pero el estudioso debe repudiarías
por ideológicas en el peor sentido del vocablo, es decir, por no
científicas. Es preciso abandonar la pretensión moralista, atrayente
para el activista de barricada y buscar una conceptualización, una
distinción objetiva y empírica a la vez, compatible con el dinamismo de
una época ya que no histórico universal.
7. IZQUIERDAS Y DERECHAS ANTE EL ESTADO
La definición actual y concreta del Estado viene
dada por un ordenamiento jurídico. Sus actores son tanto los
funcionarios como la inmensa masa de ciudadanos.
Desde sus inciertos antecedentes, el Estado no ha
cesado de complicarse y crecer. En el siglo XX, algunos Estados europeos
han llegado a administrar más de la mitad del producto bruto interno.
El Estado, identificado por Hobbes (1651) como Leviatán y luego
divinizado por Hegel, es una realidad colosal.
El Estado es una figura inseparable del Derecho, y
éste requiere coacción. El imperativo y la consiguiente constricción de
las libertades individuales es el aspecto negativo del aparato estatal:
el orden que impone va acompañado de violencia. Legítima o ilegítima, el
Estado entraña necesariamente fuerza. Pero tal coerción resulta -para
la mayoría- menos rechazable que el caos y la anarquía, que es la que
impone físicamente el más fuerte. La convivencia sin Estado es un ideal
lejano, a la par que un imposible para la actual forma social de vida
que se han dado los humanos. Es irracional pretender la supresión de las
formas políticas de coacción, especialmente de la más evolucionada, que
es el Estado. La presencia del Estado es un mal menor que su ausencia, y
la razón aconseja aceptarlo con sus reglamentaciones, sus cárceles y
sus impuestos, aunque esto no signifique que se intensifique la lucha
por reducir su presencia de abusos autoritarios. Los estatistas tienden a
presentar como anarquistas a quienes no apoyan la constante hipertrofia
del Estado y el progresivo estrechamiento de las áreas de
autodeterminación individual. Es un recurso reduccionista y tan rancio
como la invención del maniqueísmo.
No es sólo la acuciante alternativa entre vivir en
relativa paz o la constante amenaza de rapiña y aún de muerte; es que la
prótesis cultural que nos capacita y perfecciona es, en gran parte,
fomentada y conservada por el Estado. Ser más o menos humano depende en
gran medida del Estado. Hay una correlación entre la calidad estatal y
la ciudadanía. La cuestión estriba en el tamaño del Estado.
En la actualidad, las tensiones de las sociedades
avanzadas no se producen entre monárquicos y republicanos, confesionales
y laicos, presidencialistas y parlamentaristas, sufragistas calificados
o universales. Sea cual fuere la real sustancia imperativa de los
derechos humanos, nadie discute su formal proclamación y la necesidad de
su protección. Tampoco se niega la igualdad de oportunidades o la
protección al desvalido. Lo que ahora divide y caracteriza a las
izquierdas y a las derechas no son dos valores aparentemente
contrapuestos como la libertad y la autoridad, ni siquiera intereses de
clase enfrentados como los de la burguesía y el proletariado. La
confrontación se produce a lo largo de una dimensión única: la
estatalidad y es, por tanto, cuantitativa y, en sí, axiológicamente
neutra: más o menos Estado. ¿Qué funciones y en qué medida se pueden
privatizar?. Es el debate político por excelencia en las sociedades
desarrolladas.
¿Ahorro público o privado?, ¿qué tipo y proporción
de empresas estatales?, ¿qué áreas de orden público pueden ser asumidas
por entidades particulares?, ¿qué pleitos se substanciarán en tribunales
o en despachos de arbitraje?, ¿seguridad social de capitalización
personal o de reparto colectivo?, ¿enseñanza estatal o privada?. En suma
¿qué proporción de la renta nacional será administrada por funcionarios
públicos?. La izquierda, hasta inicios de la última década del siglo,
ha propugnado más Estado, la derecha -en cambio- menos Estado. Esta es
la actual polémica objetiva, mensurable y comparable del dualismo
terminológico en la política contemporánea.
La preferencia por el tamaño del Estado responde a
una teoría que, en primer lugar, puede tener fundamentación empírica.
¿Quién controla más eficazmente al gestor?, ¿el empleado, el
propietario, o el burócrata de la administración pública?. Al respecto,
la experiencia es ambigua y otorga razones a unos y otros demandantes.
Pero la preferencia por más o menos Estado tiene
también una fundamentación pragmática con cierta connotación moral,
recibida del socialismo en sus diferentes versiones, sobre todo, del
marxismo. Se trata, inicialmente, de la cuestión de la plusvalía, ya que
la propiedad pública haría que se revirtiese sobre toda la sociedad y
no sólo sobre el propietario de los bienes de producción.
Es también la cuestión de la libertad: cuanto mayor
la dimensión del Estado existen menos márgenes individuales de
autodeterminación. La creciente fiscalidad es una forma muy severa de
opresión porque priva al ciudadano de fracciones de su tiempo, a veces,
de más de la mitad; es una variante del trabajo forzado, una esclavitud
parcial que suele aplicarse progresivamente, en proporción a la
capacidad y laboriosidad de las personas. Cuanto más fracasado e
improductivo sea el ciudadano, menos le será confiscado por el Estado
que -incluso- le obsequiará con fracciones de lo decomisado a los otros.
De ahí que los ciudadanos sean más estatistas cuanto más minusválidos.
Es cierto que en la coyuntura actual la derecha postula más libertad
concreta; pero ¿acaso sólo para ciertas personas privilegiadas por el
previo reparto de la propiedad?. Es el debate sobre las libertades
formales y las reales suscitado por el socialismo de cátedra. Para
equiparar las dosis individuales de libertad hace falta la violencia
redistributiva del Estado, afirman los intervencionistas. Tal acción
estatal, sostienen los liberales económicos, reduce el monto total de
libertad en la sociedad. La experiencia contemporánea ha dado la razón a
estos; pero subsiste la radical correlación: no hay libertad sin
algunos recortes a la misma. Se trata de una gradación prudente.
En este debate, durante la primera mitad del siglo
XX, la corriente hegemónica fue la izquierdista, ya que no cesó de
aumentar el peso económico del Estado y su participación en la
administración de la renta nacional, y esto no sólo en los países
integrados a su órbita. Pero en la segunda mitad de la centuria se
invirtió la tendencia, sobre todo a partir de 1989, año de la "volteada"
(Rodriguez Kauth, 1994) del Muro de Berlín y del desastre del
socialismo real. Si la derecha actual se caracteriza por postular menos
Estado, es obvio que está triunfando a escala universal y que el punto
medio de la tensión política se desplaza hacia las privatizaciones, o
sea, hacia la derecha.
No debe olvidarse durante el debate acerca del
Estado -que a veces llega a la pretensión de su desaparición- la clásica
definición que sobre el mismo ofreció M. Weber (1944) cuando dijo que
es aquella comunidad humana que dentro de un territorio aspira con éxito
al monopolio legítimo de la violencia. Lo cual supone el
condicionamiento de las acciones de quienes habitan su espacio con
reglas fijadas por él. En definitiva, el Estado es la articulación de un
conjunto de normas y la posibilidad de usar la fuerza para obligar a su
cumplimiento.
Esta derechización, empíricamente verificable, no
significa ni la anárquica negación del Estado que estamos sufriendo en
Argentina, ni el rechazo de toda intervención soberana en la vida
económica; sólo revela una tendencia con infinidad de posiciones
intermedias, y sin duda, reversible. Una distinción tan dinámica,
inestable y versátil como ha sido la de la derecha y la de la izquierda
políticas hace pretencioso suponer que se ha llegado a un planteamiento
definitivo.
La tensión entre mercantilismo y librecambismo es
antigua; pero, en los finales de la segunda mitad del siglo XX, el
fracaso del socialismo real decidió la alternativa a favor de la
iniciativa privada y del libre mercado por parte de grandes masas de
electores que han volcado su decisión en esa dirección. Esta es la razón
de que los izquierdismos supervivientes, como la llamada
socialdemocracia, no cesen de aproximarse a los programas derechistas
que se concretan en liberalismo ("neo" o "paleo"), desrregulación y
privatización, o sea, amortización de los efectos del moderno
izquierdismo intervencionista, inspirado principalmente en Marx y en
Keynes.
El izquierdismo estatista se ha quedado sin
pensadores y va a remolque de los liberales económicos que han contado
con figuras como las de Hayek o Friedman. Los teóricos del izquierdismo
han pasado a la erudición o al olvido y, los que se reciclan de
neoliberales ocasionales, han dejado de ser intelectual y moralmente
respetables en la medida en que pretendan aleccionar desde el
oportunismo coyuntural.
La regla de más o menos Estado es independiente de
las razones teóricas o prácticas que conduzcan a fijar posiciones
concretas. Dado que toda actitud política es moral y entraña una
jerarquización de valores, la regla propuesta, en sí misma, es
éticamente neutra, puesto que permite situar sin exaltar ni condenar.
Existe un segmento, uno de cuyos extremos está ocupado por el
totalitarismo (todo en el Estado, nada fuera de él). El otro extremo
sería el de supresión del Estado. El carácter continuo de esta línea
permite infinitas posibilidades, recíprocamente relativas. Es un
criterio geométrico, amplísimo y sin implicaciones axiológicas
intrínsecas. La localización clarificadora no supone juicio alguno de
valor, salvo el universal e insoslayable de todo conocimiento científico
que es la veracidad. El que propugna menos Estado se coloca a la
derecha del otro.
¿Qué paralelismo existe entre más o menos Estado y
más o menos mercado?. No es la misma contraposición con nombres
distintos porque el libre mercado ha de ser garantizado por el Estado
frente a los monopolios y otras corruptelas. El mercado libérrimo no
coincide con la supresión del Estado, sino con su minimización. Es
cierto que más Estado implica más intervención en la sociedad y en la
economía, mientras que menos Estado supone menos intervención. En
general, a medida que se avanza hacia la izquierda del segmento, se
incrementan el volumen y la intensidad de la intervención.
En el presente panorama politológico no se divisa
una regla más aséptica, general y circunstancialmente útil para
clasificar a las corrientes políticas que la de más o menos Estado.
8. CONCLUSIONES
Las nociones de izquierda y derecha son relativas y
-aplicadas en política- sus contenidos han cambiado, incluso polarmente.
Los centros son aún más inciertos y movedizos. Los tres sólo pueden ser
caracterizados en un tiempo y un espacio.
A las actuales corrientes políticas, sean cuales
fueren sus nombres oficiales, sus seudónimos, o denominaciones
subliminales, se las sitúa en la línea sustantiva averiguando si
propugnan más o menos Estado que sus rivales en lucha por orientar o
conquistar el poder. La que aspire a "menos" (privatizaciones y
desrregulaciones) se localiza a la derecha de las otras. Esa es la clave
del acertijo que hoy se enmascara bajo las retóricas publicitarias.
Lo demás resulta políticamente secundario y, de allí, la general anemia intelectual y ética de la clase gobernante.


“Una realidad para los alburquerqueños que se extrapola a los extremeños, ya que su región está sufriendo una de las situaciones más dramáticas de todo el país. La única oportunidad que tiene Extremadura para poder sobrevivir se encuentra en la explotación del potencial solar del que dispone. Algo que solo sería posible si el Gobierno apostará por las energías renovables”.






